21 julio 2017 La Ciudad

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En Europa hay muchos mercados que perduran desde hace siglos y que aunque se han actualizado con el paso del tiempo, mantienen parte del espíritu que les vio nacer hace muchos años. El Mercat dels Encants Vells se celebra en Barcelona desde hace casi 800 años, así que puede incluirse en esa categoría. Se inició como dos mercados diferentes, que acabaron uniéndose en uno solo que fue moviéndose por diversos sitios de la ciudad, hasta que en el año 2013 se estableció en el lugar donde se puede encontrar hoy.

Oficialmente su nombre es Fira de Bellcaire y en su origen se subastaban los bienes de difuntos para cubrir sus deudas y lo que sobraba era cedido a la viuda. Durante años, ha tenido varias sedes, y la actual se creó para dotar a este espacio comercial de una imagen específica y reconocible, además de ser un lugar donde poder encontrar cualquier cosa que se esté buscando, en un entorno muy especial en el que también se puede disfrutar de varios bares y restaurantes.


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En el Mercat dels Encants Vells hay alrededor de unos 500 comerciantes y profesionales que ofrecen todo tipo de mercancías, repartidos en cuatro plantas, desde dos sótanos hasta los dos pisos superiores. Pequeñas tiendas, paradas efímeras y una gran cantidad de objetos y productos de lo más variado forman parte de la idiosincrasia de este emblemático mercado donde todo es posible.

Pero una de las cosas que más sorprende a los visitantes de este mercado son las subastas que se celebran los lunes, miércoles y viernes a partir de las siete y media de la mañana. Hasta las nueve y media de la mañana, se subastan lotes que vienen desde pisos se han de vaciar, tiendas que cierran o restos de stocks de negocios. Las subastas reúnen a muchas personas interesadas en comprar los lotes a muy buen precio y a muchos curiosos que quieren ser testigos de una de venta que ya no se ve en otros lugares.

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El edificio que ocupa está cubierta con espejos, que ofrecen una imagen muy curiosa, reflejando la actividad del mercado y creando una atmósfera que va pareja al eclecticismo que es parte del mercado. Una buena opción para descubrir una Barcelona alejada del turismo y que es parte de la propia ciudad desde hace siglos.

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